
Más que una política de ahorrar, se trata de acostumbrar a la familia a tener un consumo racional.
Los años transcurridos desde enero de 1959 constituyen el tiempo de la vida para cualquier persona, pero solamente un suspiro en la historia. Por eso, valorar es muy halagüeño.
La electricidad llegó a la Isla en la década de 1890, finales del siglo XIX, a poquísimas ciudades. Por ejemplo, el centro de Santiago de Cuba, la segunda villa más poblada del país, se iluminó en 1897.
Al triunfo de nuestra Revolución, asentamientos periféricos de la capital no tenían luz eléctrica. Aún era un sueño para muchos poblados pequeños, aunque algunos contaban con plantas particulares en contadas casas. Y en los campos, ¡ni tan siquiera soñarlo!
Por lo cual, contribuir al ahorro, por pequeño que sea, resulta una acción de gran utilidad. Es necesario que en todos los hogares, grandes y chicos, los integrantes de los núcleos familiares se sensibilicen con las acciones que controlan el consumo eléctrico de cada casa.
Medidas apremiantes:
- No dejar luces encendidas innecesariamente (esas habitaciones vacías).
- Utilizar los equipos electrodomésticos correctamente. Así prolongan su vida útil y contribuyen a controlar el consumo eléctrico.
- Planificar los días y el horario para planchar las ropas de la familia. No hacerlo a diario pieza a pieza. El gasto se multiplica. Es mejor reunir una cantidad para utilizar racionalmente el equipo y también el tiempo.
- Coordinar horario y días para lavar. Es mucho mejor acumular una cantidad suficiente de piezas para cubrir la capacidad del equipo.
- En el horario pico: de 6:00 a 7: 00 am; de 6:00 a 8:00 pm. No derroches es cuando más se debe mantener mayor control del consumo.
Incorpora estas acciones a las rutinas personales y tanto la economía familiar como el consumo social saldrán beneficiados.
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