
Crear en el niño o niña el hábito (buen hábito) de agradecer y mostrarse educado no es cosa que se reserve solamente para determinados momentos. Por favor, gracias, disculpe, con permiso, son palabras que tienen un poder mágico y los padres tienen la misión de trasmitírselas a sus hijos, pues son valores con los que andará por la vida el resto de sus días.
Desde muy pequeño debe aprender a dar las gracias por las cosas extras que recibe, sea en forma de regalo o de atenciones especiales o de ayuda no necesaria. Que su hijo sea sociable depende en gran parte de la educación que recibe. "Difícilmente se puedan introducir virtudes si en la práctica son menospreciadas por los propios padres, que actúan de forma muy distante a aquello que tratan de inculcarle al niño.
Muchas personas manifiestan en reiteradas ocasiones que ya no hay valores, que estos se han perdido o cambiado y que proliferan las actitudes individualistas, ajenas a las cualidades que siempre nos identificaron.
Ciertamente, la jerarquía de valores ha sufrido modificaciones; muchos individuos han cambiado en su vida el orden de ellos, echando por la borda cualidades, formas, crianza y educación.
De hecho, la educación arranca en la familia y se perpetúa en la escuela, decimos; y mientras más temprano se despierte en el infante esa sensibilidad hacia lo que nos enaltece, mayores serán las posibilidades de hacer de nuestros descendientes, personas de bien.
No hay que ser eruditos para saber que los modales representan estilos sociales; la crianza y educación recibidas; reflejan la cultura que poseemos y el ámbito social en que nos movemos. Comportamientos imprescindibles socialmente, como ceder el asiento a un anciano o embarazada, que alguien nos de las gracias por un favor o gentileza, parecen haberse esfumado. Quizás porque hablamos mucho de valores en vez de demostrarlos con nuestro ejemplo y explicarle al niño de manera comprensible estos son un modo de vida, un comportamiento permanente.
Explicarles, por ejemplo, que el respeto, considerado como el valor rector por la mayoría, suele ocupar un orden diferente en las personas, pero que resulta primordial en las relaciones con los demás. Sucede que unos consideran la responsabilidad como lo más importante, mientras que para otros es la honestidad o la moralidad. Todos estos son valores imborrables e inquebrantables.
Si resulta vital que todo lo que rodee al niño esté impregnado de honestidad y decencia, valores éticos que son universales y que para suerte no se han perdido.
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