
La pequeña tomó el celular de la madre, lo" trasteó" cuanto quiso y lo dejó al borde de la mesa, minutos después la propia madre lo tumbaba al suelo de un manotazo, incapaz de recordar que su hija lo había apuesto allí. Moraleja, lamentaciones, gritos, castigos y la pérdida de un móvil que mucho necesitaba.
El cuidado de los bienes comunes de la familia y los de la propia sociedad, debe ser objeto de permanente preocupación y ocupación por parte de los adultos que conviven en el hogar. Sin contar que los menores no tienen plena responsabilidad sobre la valía personal y de costo de determinados artículos. Si dejamos a un pequeño, por ejemplo, que manipule a su antojo el móvil de mamá para que se entretenga mientras ella trajina, no podemos hacerlo responsable por borrarnos algo o simplemente romperlo.
El niño o niña no debe tener solamente un sentido personal sobre la atención de los objetos. Se le debe instruir en la previsión y conservación de los equipos y útiles de la casa, entre los que destacan el ahorro de la electricidad, del agua, el no ensuciar las paredes ni darles golpes a las puertas y ventanas.
Hay que enseñarles, casi desde la cuna a ser responsables y cuidadosos, no solo de las pertenencias propias, de la familia y del hogar, sino también las de los demás, así como de la propiedad social.
Si se quiere educar bien al menor, no hay que pasar por alto estos aspectos de la formación familiar, que algunos padres apenas consideran, o posponen para cuando sean mayores, como por ejemplo, el sentido del ahorro, de la responsabilidad.
Apagar luces innecesarias, cerrar una pila de agua, desconectar un equipo que no se esté usando, no botar la leche o la comida, porque como decían los abuelos, comen más con los ojos que con la boca, son aspectos que el niño o niña debe aprender a valorar desde bien temprano.
Algo similar ocurre con los juguetes, artículos de colegio, libros, ropas, juguetes, tablets, etc., que rompen, ensucian y deterioran sin más ni más, sabedores de que papá o mamá les comprarán otros, o que luego pagarán por un costo irrisorio, los libros que les entregaron en la escuela a principios de clases y que han perdido o rompieron.
En este mar de gratificaciones materiales, de dilapidación e insensatez, algunos padres olvidan lo que es el verdadero amor y la importancia de educar a su descendencia como seres honestos y responsables. Sin contar, que de esa forma se fomenta en los niños la tendencia al despilfarro y al consumismo.
Esta conciencia se adquiere cuando desde las edades más tempranas de la vida, se le ha inculcado al infante la responsabilidad de ahorrar y cuidar lo que se tiene y lo que la sociedad pone a su alcance para su uso y disfrute: la escuela, el parque, el jardín, el ómnibus, etc...
Desde pequeños, niñas y niños deben aprender a valorar el costo material y afectivo de las pertenencias propias y loas bienes del hogar, así como los sociales de que disfruta. Saber que las cosas no bajan del aire, sino que forman parte del trabajo y el esfuerzo de sus padres y de la sociedad en su conjunto.
De lo que se trata es que aprendan desde la cuna los preceptos éticos que deben regirlos desde la niñez y que hacen mejor al hombre y a la mujer. Caudal espiritual que llevamos dentro y que urge rescatar.
A la larga, aprenderá a custodiar sus cosas y a respetar las ajenas. Apreciará entonces el verdadero valor del ahorro y de la organización económica, valederos para vivir mejor.
http://www.mujeres.co.cu/art.php?MTA4MjA=
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