sábado, 19 de octubre de 2019

Joyas de una dama de 500 años


Querer una ciudad, tanto como el barrio en que nacimos, marca nuestra identidad cultural, individual y colectiva. Crea sentido de pertenencia desde la temprana infancia y a medida que las personas  adultas expresamos con orgullo desafiante: «Yo soy habanera»…Soy de Regla, de El Vedado, de La Lisa, Miramar... El barrio importa y preferir hasta una esquina para plantar la mesa y jugar Dominó, es  ya casi una tradición de los citadinos. Ocupan espacio en la calle que sienten les pertenece. Buscan en la mañana o en la tarde del sábado o el domingo ampararse del sol, o en la noche la simple iluminación de un bombillo fijo en la pared de un añejo edificio.
Por pura coincidencia en mi deambular cotidiano para observar cuántas labores de restauración recaba el  aniversario 500 de la fundación de la otrora Villa de San Cristóbal de La Habana, quedo maravillada ante los mosaicos o azulejos polícromos, alicatados, resistentes al paso del tiempo como las  pinturas al fresco de antiguas civilizaciones grecorromanas. Unos muestran motivos florales, simétricos, diseños de formas geométricas en un ritmo armónico, semejantes a las cenefas del estampado de vestidos femenino. Otros ubicados en frisos, columnas, interiores de escaleras, fachadas de edificios, mansiones, hoteles prominentes y hasta fontanas en interiores de patios en palacetes evocan la opulencia de familias y el gusto por el orientalismo, en una época representativa de lo que una vez fue elemento arquitectónico altamente preciado.
Y no sólo en la capital, pero esta preciosa dama, pronta a cumplir cinco centurias,  le arreglan sus  ropajes antiquísimos y renuevan su encanto con nuevos estilos arquitectónicos que le imprimen un pintoresquismo singular, sin renunciar a los viejos órdenes de columnatas clásicas europeas.
La estética constructiva, el ladrillo azulejo, emblema inequívoco de la arquitectura del oriente medio en las mezquitas portentosas y a donde en metrópolis europeas y de Latinoamérica hizo presencia el arte mudéjar,  mozárabe, e hispano-árabe, ya que la península Ibérica estuvo ocupada ocho siglos por los moros o árabes, y dejaron joyas arquitectónicas incomparables como el Palacio del  Alhambra en Granada y no olvidar que a Cuba llegó el arte cerámico artesanal con la colonización y poseemos no tan exclusivas joyas como en Andalucía.   
Son testimonio, los hoteles: Sevilla, Inglaterra, Nacional,  el Surf, ya derruido que preserva obras de arte  y  bancos, el edificio Bacardí,  algunas residencias de El Vedado...  Tienen el privilegio de los azulejos  bien conservados. Por eso no los cubras, no los desaparezcas ante la seducción de la posmodernidad.
El encanto, proeza de la ingeniería civil  y de la mano de artistas cerámicos anónimos no debe perderse.  
Fue nuestra metrópoli, en junio del 2014, merecedora de un lugar en las Nuevas siete ciudades maravillas del mundo.
La entrega plena del Historiador de la Ciudad Eusebio Leal Spengler  y su multidisciplinario equipo  de  restauradores y restauradoras, la han rescatado con fervor preciosista. Cuidemos esas joyas cerámicas, son también bienes patrimonial  tangible, en cualquier espacio urbano de Cuba que se encuentren.
 
 
 
 
 
http://www.mujeres.co.cu/art.php?MTA4NjQ=

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