
Algunas veces nos encontramos entre nosotras mismas las mujeres hablando mal de otras compañeras. Nos proyectamos sobre la ropa que se pone, su forma de ser, incluso la manera en que piensa y no hemos compartido ni una palabra con ellas.
La feminista mexicana Marcela Lagarde nos habla de que las mujeres, producto al patriarcado, hemos sido criadas para competir entre nosotras. Competimos desde que nacemos con nuestra madre por el amor de nuestro padre, nos enseñaron a competir con nuestras compañeras de aula por quien sacaba la mejor nota, e incluso sin reconocernos en un género y con una preferencia sexual determinada competíamos por el que llamaban el guapo de la escuela.
El patriarcado nos enseñó a reproducir esos estereotipos y a alejarnos cada vez más de nosotras mismas y de las mujeres que no entraban en el grupito.
Asimismo miramos con recelo en diversas ocasiones a la tal exnovia del novio, incluso la exnovia de la novia. No digo que todas lo hagan, pero muchas sí han experimentado las críticas, y otras las han hecho.
Como respuesta a ese patriarcado que intenta separar a las mujeres, las feministas han acuñado más que un nombre: han propuesto una nueva forma de relacionarnos.
La sororidad como se le ha llamado a ese gesto, acción y sentimiento cómplice entre mujeres ha representado la fortaleza y la manifestación de unidad, resistencia y resiliencia de mujeres.
En un texto en la revista Mujeres # 2 del año 2007 de Isabel Moya titulado Susana Montero. Mujer habitada (p.90-92) hay reflexiones importantes sobre la sororidad y el desmontaje del patriarcado en la sororidad entre las mujeres cuando dice: "En esos días nos hicimos amigas con esa complicidad que la sororidad establece entre las mujeres, a despecho de la marca patriarcal que nos educa como rivales en la carrera de agradar siempre al varón (…)".
Por su parte, Marcela Lagarde en su texto Enemistad y sororidad: Hacia una nueva cultura feminista expresa ciertas características que deconstruyen el comportamiento que hemos asumido las mujeres entre nosotras.
En primer lugar para Lagarde el feminismo "expresa Marclea Lagardercado en flote. ituaci el reconocimiento que somos mujeres y lo que le pasa a una le puede pasar y doleres, en esencia, "política en acto. Es una crítica filosófica e ideológica a la cultura política autoritaria y al poder como dominio, y reivindica en acto el poder como derecho a existir, como afirmación de los sujetos por sí mismo". Asimismo plantea que "el feminismo incide y surge de las formas diferentes de ser mujer, en cada mujer". Aunque es preciso acotar que la noción del colectivo en el feminismo interviene de forma directa en esa noción de ser mujer. Somos mujeres y la incidencia de lo que consideramos y actuamos en el marco del feminismo nos define, pero esa definición ya viene también con una construcción colectiva.
"El feminismo se perfila como alternativa a la cultura política. Es una revolución en permanente construcción" expresa Marclea Lagarde, en la cual lo que construyamos entre todas las mujeres propicia que el patriarcado se reconozca en todas las instancias y espacios donde se manifiesta y donde no se manifiesta, aunque exista.
Es importante señalar además que la sororidad como acción desprejuiciada del feminismo "transforma a mujeres y hombres, a las instituciones, a las normas, a las relaciones; enfrenta y desacraliza los fundamentos de tabúes, así como los ritos y los mitos que hacen su representación simbólica" escribe Lagarde; es una constante transformación de la vida cotidiana y politización de la vida cotidiana.
Por eso la sororidad puede representar un concepto básico liberador y transformador de la vida cotidiana, e interviene directamente en cómo las mujeres modifican esa vida desde lo colectivo y queriéndose entre todas, seamos conocidas o no. Es como la solidaridad pero propiamente entre el reconocimiento que somos mujeres y lo que le pasa a una le puede pasar y doler a otra; porque todas hemos estado en una situación donde el patriarcado ha salido a flote.
La sororidad no representa ni quiere representar lo contrario al pacto patriarcal que hacen, mantienen y reproducen los hombres y la cultura patriarcal, sino es un estadío de entendimiento, apropiación y salvación de las relaciones entre mujeres dentro del feminismo.
Si bien Marcela Lagarde recalca que este sentimiento de enemistad también viene dado por la manera en que nos comportamos desde que nacemos en la posición de rivalidad con la madre en disputa por el padre- "antagonismo y la dialéctica entre yo y la otra" (Lagarde, p.8)-, la sororidad viene a desplazar no solo las culpas interiores, sino también a entender que la competencia por la disputa de poder en las relaciones afectivas no es otra cosa que el resultado del sistema patriarcal en el cual hemos sido criadas y amoldadas y por tanto, cambiables.
Y sí puede ser cambiable, de hecho vivimos transformaciones en ese sentido. Por ello la sororidad viene siendo la propuesta a una red feminista que puede ampliarse y destruir al patriarcado en un reconocimiento nuevo de la otra, con todas las responsabilidades, satisfacciones e insatisfacciones que conlleva las relaciones humanas, pero esta vez desde el principio de la sororidad.
http://www.mujeres.co.cu/art.php?OTk5Nw==
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