viernes, 12 de julio de 2019

Memorial de Soplillar: Ícono de la verdad en Ciénaga de Zapata



cena carbonera
Cuando los habitantes de esta localidad se involucran en preparativos para rememorar la primera cena de Fidel con los carboneros, fotografías, objetos y anécdotas en el Memorial de Soplillar, evocan la verdad de lo que ocurría allí antes del triunfo de la Revolución.
El sitio, instituido el 24 de diciembre de 2009, a los 50 años del hecho, refleja la miseria de los carboneros en el mayor humedal del Caribe Insular, lugar intrincado en la geografía de Cuba, a donde no llegaba la salud pública, educación, ni beneficios sociales de ninguna índole y las personas apenas si sobrevivían.
Haydeé García Montano, tenía nueve años de edad el día que el líder de la Revolución cubana decidió pasar la noche buena con los carboneros de Soplillar, sus padres Rogelio —El Pelao— y Pilar eran de las familias más humildes de la zona y comprendieron que la nueva obra los tenía en cuenta.
Por las chozas-museo, perfiladas por la Brigada Artística Martha Machado basadas en los testimonios de los pobladores, pasaron miles de personas de todo el mundo en estos años, y apreciaron el abandono a que eran sometidos aquellos seres humanos que recibían nueve centavos por un saco de carbón.
Haydeé comentó a la prensa que recuerda a Fidel llegar en el helicóptero con Antonio Núñez Jiménez y otros acompañantes preguntando si se podía cenar esa noche, y cómo lo veía inmenso y quiso tocar su barba, solo que, aunque el Comandante en Jefe la cargó y jugó con ella, no se atrevió, por tímida, a rozarle el pelo.
Julio Amorín, historiador del mayor y menos poblado municipio de Cuba, recordó que al triunfo de la Revolución en la Ciénaga el analfabetismo alcanzaba el 90 por ciento, y no existen estadísticas confiables de la mortalidad infantil, pues los médicos esporádicamente venían por un carro de línea desde Jagüey Grande.
Todavía Haydeé siente que se humedecen los ojos cuando habla: «No lo podré olvidar nunca, yo no dejaba de mirarlo, nadie podía pensar que el Presidente de un país vendría a este lugar, donde las camas eran yute relleno con hojas de plátanos…hoy en la Ciénaga hay hasta una Universidad».

 
POR BÁRBARA VASALLO (ACN)

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