viernes, 12 de julio de 2019

Festival del Carbón: ¿patrimonio del pasado o necesidad del presente?


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La organización del rodeo era una de las actividades que más disfrutaban las personas
durante el evento.
 
"Muchacho imagínate que ya llegaba el momento de subirme al escenario y yo no sabía cómo lo iba a hacer, sentía escalofríos a pesar de haber ensayado mi personaje unas mil veces. Yo era la protagonista de una obra de teatro donde representaba a una mujer tímida que no sabía leer ni escribir; mientras mi esposo, un guajiro machista, no le gustaba que yo me superara porque me quería solamente para la casa.
 
"En aquel momento yo tendría unos 16 años y era la primera vez que participaba en una cosa así, pero lo que realmente me tenía temblando era que al fijarme en el público, el mismísimo Fidel Castro estaba sentado en primera fila. Finalmente, al entrar a las tablas me tocaba servir el café y al caminar yo sentía el tintineo de las tazas en la bandeja que llevaba en mis manos. Así todo logré terminar la actuación y el Comandante nos aplaudió a todos. Sin duda esa fue una experiencia que me llevaré hasta la tumba".
 
De este modo recuerda María Laura González, anciana de La Ceiba, su participación en una de las primeras ediciones del Festival del Carbón, único evento de su tipo en el mundo y que en la actualidad, solo está presente en la vida del cenaguero como la evocación de los más viejos o el anhelo lejano de retomarlo algún día.
 
"Con el tiempo se perdió el entusiasmo, también la juventud de aquella época era muy responsable y mantenía activos los grupos de aficionados, pero ahora tiene otros intereses, la juventud ahora es demasiado apática", concluye tajante esta señora, antigua protagonista de estos festivales.
 
No obstante, sería oportuno esclarecer si realmente los más jóvenes se encuentran ajenos e indiferentes al rescate de estos acontecimientos, solo que para lograr una compresión cabal del tema primero habría que preguntarse por qué desapareció un evento de tal magnitud, qué ha influido en el fracaso de los intentos llevados a cabo para rescatarlo, y para rematar, atendiendo a la esencia de su origen, ¿será factible la aparición de nuevas ediciones en el futuro?
 
INICIO DE UN HECHO HISTÓRICO
 
La propia génesis del Festival del Carbón entraña una significación histórica notable, al surgir del empeño de los líderes revolucionarios cubanos como el propio Fidel Castro, Celia Sánchez, Antonio Núñez Jiménez y Nicolás Guillén, quien fue el director general de la primera edición.
 
Lo que se pensó al inicio fue crear un producto cultural que no solo girara en torno a la tradición forestal en la Ciénaga de Zapata (presente desde el siglo XIX), sino que integrara una serie de elementos que permitieran a través de la veneración de lo autóctono, trascender las barreras de lo universal.
 
"Paralelo a esta intención, resulta imprescindible decir que a partir del segundo semestre del año 1961, luego de la invasión, un grupo notable de instructores de arte son enviados al territorio y distribuidos en los diferentes asentamientos poblacionales, donde comenzaron a desarrollar un proceso de enseñanza de las manifestaciones artísticas ", comenta Julio Amorín Ponce, historiador del municipio.
 
Por tanto, cuando se inaugura el Festival el 25 de diciembre de 1962, ya había transcurrido un año en la gestión y creación desde las localidades de grupos aficionados de danza, teatro, música y artes plásticas, lo cual indica que el evento municipal era la expresión del trabajo desarrollado mucho tiempo antes en cada batey.
 
"Esto también implicaba la competencia entre las cooperativas de carboneros mediante retos productivos, teniendo su expresión concreta en cada unidad silvícola de la región; se organizaban juegos tradicionales, rodeos, y como se trataba de preservar la imagen de la cultura forestal, la mayor parte de sus actividades estaban relacionadas con cortar la leña, burrearla, y el reconocimiento de árboles maderables", agrega Amorín Ponce.
 
Durante la semana que duraban las festividades también se realizaban exhibiciones de la policía motorizada, actuaban todos los conjuntos aficionados y como colofón, quizás lo más identitario de las jornadas, se construía la representación de un horno gigantesco de carbón por el cual desfilaban las muchachas que seleccionaban como la Flor y los pétalos, categorías otorgadas no solo por la belleza física, sino por la integralidad de la mujer, su esfuerzo ante el trabajo, la limpieza del bosque y su desempeño en la comunidad.
 
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La selección de la Flor y los pétalos del festival constituye una tradición que gran parte de los cenagueros desearía rescatar.
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La construcción de un horno de carbón gigante fue uno de los elementos que caracterizó
al festival a lo largo de los años.
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En sus Harley-Davidson, la policía motorizada realizaba exhibiciones de habilidades.
 
Se puede afirmar entonces que la connotación del evento ya no quedaba solo en el plano histórico, sino que implicaba un impacto socioeconómico y cultural en un territorio que jamás había conocido el arte y ahora, sus pobladores se convertían en auténticos protagonistas de sus festejos.
 
"Pronto alcanzaron reconocimiento a nivel nacional y llegaron a ser transmitidos por la televisión en los años ochenta. Por aquí desfilaron grandes personalidades de la cultura que se implicaron en el funcionamiento y organización de este suceso, tales como Rafael Somavilla, Consuelo Vidal, Eva Rodríguez y Ramón Fraga", expresa Pedro Amaury Santos Llambía, jefe de programación e información de la emisora de radio local.
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A los Festivales del Carbón acudían personalidades destacadas del mundo cultural,
tal como Carlos Ruiz de la Tejera.
 
Sin embargo, en la década del noventa y bajo el influjo de la crisis económica en que se sumergió el país, el Festival del Carbón se fue debilitando de forma progresiva hasta desaparecer por completo.
 
"Específicamente en el 97 se cambió de fecha de celebración y nadie sabe por qué. Un poco más adelante deja de celebrarse solo en Playa Larga, como habitualmente se efectuaba, para extender su sede a Girón y Cayo Ramona. A partir de allí pierde ya hasta el nombre y se le empieza a llamar como fiestas populares", asevera Yuriel Estévez Gutiérrez, Vecepresidente del Gobierno Municipal que atiende la esfera de la recreación.
 
Este hecho marcó el final del acontecimiento que más tipificó a la Ciénaga de Zapata desde el punto de vista cultural, después de las décimas guajiras, que forman parte del legado de los mambises.
 
HISTORIA DEL FATAL DESENLACE
 
Resulta evidente que la ausencia hasta hoy del Festival del Carbón no se encuentra marcada por la acción de un solo elemento, sino por la influencia de múltiples circunstancias que conllevaron al fatal desenlace. Por ejemplo, nadie refutaría que el decrecimiento de los indicadores económicos en la época haya influido, aunque en el caso que nos ocupa, los entrevistados coinciden en que el factor subjetivo fue determinante.
 
"Se perdió de la mente de algunos decisores que la magnitud de dicho evento exigía ubicarlo como una prioridad y a la larga, demostró ser un error llevarlo a cabo en tres lugares de forma simultánea pues a la vez que se dividen los recursos no queda bien en ningún lugar", manifiesta el historiador de la Ciénaga.
 
No debe olvidarse que una de las particularidades de la región consiste en la lejanía entre sus principales asentamientos, lo cual indica que hubiese sido preferible concentrarlo todo en Playa Larga por estar más cerca de Matanzas y facilitar entonces la transportación y recepción de los productos.
 
 
POR AYOSE GARCÍA NARANJO
 

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